martes, 9 de enero de 2018

Porque

  Era linda porque se le veían los sueños en las piernas y sabía reírse con las manos; porque era joven en cada una de sus palabras y sabía prestarle generosamente su pelo a la lluvia; porque aprendió a llenar de besos el aire con sus pestañas y nunca le agregaba azúcar a las frutas; porque esculpía escalofríos a veces con la boca, a veces con un solo dedo, y le dejaba al sol tomar las siestas por su cuello y por sus hombros; porque las plazas rechazaban la gravedad y se colgaban de sus pies cuando las andaba, y si se hamacaba le sacaba un par de risas al aire con las rodillas; porque respondía siempre la verdad, aunque a veces le pusiera un moñito en el pelo; porque les daba de beber a las estrellas cada noche; porque bailaba como bailaba; porque al abrazarte te convidaba su olor, mucho más similar a una intuición de madrugada, a un interludio silencioso entre dos chicharras; porque tenía un par de lunares que la seguían donde fuera, a toda hora, siempre probándole la piel; porque jugaba muy mal al tutti frutti pero siempre tenía listos los bolígrafos y el papel para cuando un amigo llegara a casa; porque se volvía un bebé para dormir y sin que se diera cuenta a su colchón se le formaban búhos y ositos y plumitas y espirales que correteaban bajo las sábanas toda la noche; porque había siempre un chapuzón en su pecho y unas rodajas de mandarina en sus codos; porque no sabía que habían construido un refugio de labios y de pulgares a lo largo de sus dos mejillas; porque los enojos le duraban tres minutos y un montón de muecas divertidas; porque te compartía sus arco iris sin recelo y sin miedo a que le apagaras alguno de los colores; porque no sabía cómo ser otra persona, y tampoco cómo inventarse excusas para intentarlo alguna vez; porque era un té de algarroba y para las fiestas solía regalar ramos de luces que le cosechaba a los soles o las lunas o las velas o las fogatas; porque si se sentaba a escuchar grillos o piedritas, al río le gustaba acurrucarse cerca de sus tobillos y lamerle esa pequeña verdad que había antes de llegar a su talón.

Septiembre 2017

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