sábado, 30 de diciembre de 2017

En un rincón de octubre

  ―No, no, lo estás haciendo mal, verdeSol.
  ―¿Cómo que mal?
  Mientras, la primavera los abrazaba y se inflaba los cachetes con el sol. Las modestas florecillas que rodeaban la vía jugaban en silencio a cuántos rosas y azules distintos podían soltar entre sí.
  ―Sí… Estás mirando la mariposa. Yo te dije que le miraras el vuelo.
  Para Unkelee, la metafísica estaba clarísima.
  ―No puedo mirarle el vuelo si no la miro a ella.
  ―Pero sí… Fijate…
  Y entonces, con cierta envidia perlada, verdeSol notó que las pupilas de Unkelee no se dejaron engañar, y montaron la mirada sobre el vuelo del lepidóptero sin que una sola miga colorida de sus alas les manchara los pies. Solamente el vuelo. El amarillo se sentía un poco despreciado, pero en lugar de opacarse le pidió refuerzo a algunos haces empáticos que se quedaron haciendo espirales a su alrededor, como siguiendo los consejos de la brisa. Pero ya, solamente el vuelo. Y para ella, la mirada de Unkelee. Así, él, mirando con esa exactitud quirúrgicamente vaga, con esa infancia segura, llegó al cenit de su existencia, convirtiéndose en un ser adorable para las mortalidades de verdeSol, quien tampoco se dio cuenta pero de repente supo encontrarle la mirada desnuda, sin distraerse en sus pestañas o sus pupilas. Unkelee haciendo lo que sabía hacer, y verdeSol casi haciéndolo sin querer: lo lograron juntos.
  Final alternativo: A Unkelee le bastó una mariposa y a verdeSol le bastó Unkelee.

Octubre 2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario