jueves, 16 de noviembre de 2017

  El murmullo húmedo de los pequeños nocturnos. El sabor de los azules frescos en toda la piel. La juventud, quieta. Las risas en pausa para. Dos manos. Encontrados. Una fiesta de dedos. Una fiesta de grillos.
  Ranas.
  Alguien arrancó una flor; la dejó en medio del camino. Alguien ríe. Alguien arrancó un camino; lo dejó en medio de las flores. Alguien escucha su risa. Una flor arrancó a alguien, y el camino la dejó. Los grillos pispean, a ver qué hace; mientras: se canta. Un camino dejó a alguien, y las flores lo arrancaron. Flores blancas, pequeñas, como hechas de una ligera grieta en la certidumbre. Dejaron que arranque, y alguien floreció los caminos. Tras esos arbustos, la noche, los vestigios convencidos (sólo) de las estrellas. Caminaron las flores; alguien dejó de arrancarlas. Una certeza (la de saber que ser té sabe a siesta); otro insomnio. Arrancar el camino, dejarle la flor a alguien. Y todos los conocimientos de su espalda, vueltos coro.

Octubre 2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario