sábado, 5 de agosto de 2017

Como ser un pedacito de espacio

  No le diga a nadie qué hacer. Entréguese y deje que lo llenen. Quédese muy quieto, y desperécese sólo cuando la luz no lo moleste. Llénese de cielo, de fotos, de agua, de gente, de árboles, de cuadernos viejos, de vacas pastando, de colectivos, de sandías, de una orquesta, de satélites. Mantenga el silencio e intente no discutir con el tiempo, que es mucho más mañoso que usted. (En serio). Permita emigrar a las aves y deje a las raíces quedarse quietas en su lugar. Haga dar vueltas a la Tierra en su espalda. Recueste un atardecer en su regazo. No se enfade con los niños que corren y gritan por su pelo. Haga dormir en su hombro a las flores que crecieron sin avisar. Constrúyale un charco a la lluvia y un caminito al Sol. Abrace.

(Cómo seguir siendo un pedacito de espacio: Deje que las nubes fluyan por sus dedos y no interrumpa el peregrinaje de las gotas. Permítase ser un escenario propicio para la presentación de besos, caricias, carcajadas, tazas de café, y rodajas de mandarina. Deje las puertas y las ventanas abiertas (si el tiempo está tormentoso o demasiado ventoso, aguántecela). Cuide con cariño las huellas. Cuide con igual cariño aquellos zapatos que descuidaron las primeras huellas. Manténgase y deje que lo vacíen. Conserve una mano, un oído, un pómulo, un tobillo, una clavícula, o el ombligo, por si necesita colgarse una canción, una merienda en el pasto o un viaje que previamente no estaban en los planes. Sostenga con fuerza y suelte con cariño, que las cosas se rompen. Amplíese, amplíese, para que lo punzante no le pinche la panza ni la espalda cuando entre en usted. Suelte.)

Noviembre 2016

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